El cuerpo esta resentido de tantos dias de mochila, pero la cabeza esta en clave de viaje y podrias seguir adelante. Asumimos que el viaje toca a su fin y decidimos que lo mejor será tomarlo con calma y cuidarse un poquito bajo el sol californiano. Llegamos a L.A en autobus de noche a las 5 de la mañana. Ana no se encuentra muy bien y a la llegada al Hostal (a eso de las 7) nos dicen que no podemos hacer check in hasta las 14:00. Imposible, no podemos perder medio dia, hay que aprovechar todo lo posible, y como sea hay que recuperarse de la plaiza de la noche en la que apenas hemos pegado ojo. Busco un motel de carretera lo más economico posible, pero no baja de 150 dolares. De perdidos al rio, ultimo dia… a las 9 de la mañana Ana esta descansando y yo un poco despues. El lugar es inmejorable, Motel Front View en Venice Beach. Para mediodia estamso recuperados y ponemos rumbo a un lugar mítico: Malibu, la cuna californiana del long board y el surf más clásico. Con el Blue Bus nos vamos en dirección Norte por la kilometrica costa de Santa Monica. Malibu es como en los documentales, un millon de personas haciendose con la ola al mismo tiempo, unos caen, otros siguen y al poco comienzan las piruetas. Todo parece sacado de The endless summer, es excatamente como lo vimos tantas veces… Malas noticias para los corcheros, bañistas y bodyboards “are not allowed” en el pico.
A media tarde volvemos hacia Venice, esta vez si, segundo intento y llegamos a la zona del paseo costero. Funambulistas varios, artistas y artistillas, iluminados, tatuadores y feriantes, un sij sobre patines con guitarra electrica y amplificador al hombro, veteranos del vietnam, moderneces y fashion victims, dog town skaters, patinadores de la luna, surfistas y surferos, polis en shorts, bellas y bellos varios… sudor, arena, salitre, palmeras y brisa de la media tarde…, a mi me gusta VENICE!… Y una imagen grabada en la retina para siempre: el ocaso en el horizonte, entre el mar y la montaña, contorneando las palmeras a nadie le deja indiferente. Que obsequio, la busqueda del oeste, 6.000 kilometros o más, da igual…desde las aguas atlanticas de Coney Island hasta el pacifico de Los Angeles que sgeun Steinbeck sabria distinguir con los ojos cerrados…
A mi me suena a música, me suena a los Doors. Me suena a rock and roll como todo este gran viaje que no es iniciatico, sin saberlo ya habiamos estado alli, y sin embargo era preciso estar alli.


BIG ELVIS











